Cristina visitaba Seúl, este lugar lleno de tanto sitios turísticos y sobre todo de oppas, el motivo real del porque estaba allí, había hecho tantas cosas durante un año, desde trabajar fines de semana, de visitar parientes que si acaso sabía que existía, ayudar a amigos en sus actividades todo para ir ahorrando de forma paulatina la cantidad suficiente para hacer dicho viaje, estaba feliz, llevaba una semana, y era un viaje 1 mes, algo de lo que le encantaba, había optado por alquilar una habitación en Korea-homestay una página especializada en dar contactos a turistas sobre estadías económicas en casa de coreanos, el edificio residencial quedaba al sur de Seúl, era grande de unos 20 pisos, su anfitriona había vivido en España por unos 10 años por tanto su español era bueno, ella le comento sobre algunos famosos que vivían cerca, a pesar de salir al parque cercano en vez en cuando nunca tuvo la oportunidad de ver a uno de los actores de tv que veía en los doramas, o algún cantante de un grupo popular tales como Super Junior, TVXQ o SS501, esto le molestaba un poco, pero a pesar de las quejas sobre aquello igual disfrutaba del país, de las visitas turísticas, de caminar entre esa población, eran personas amables y con una cálida sonrisa, conoció a varias chicas en una discotienda y hablaban de moda, de los oppas, de la tv, a veces se reunía con ellas para salir a un centro comercial, era fácil hacer amigos, y eventualmente algún chico simpático se acercaba a hablar con ellas con cierta curiosidad por la extranjera.
Aquel sábado se levanto temprano iría a visitar los palacios que
quedaban cerca de allí, a pesar de la cercanía no había optado por visitarlos
hasta ese día, sus nuevas amigas las verían en la tarde luego de que ellas
terminaran sus ocupaciones personales, así que camino por la acera, viendo en
vez en cuando las vidrieras y observando el lugar para disfrutar de cada cosa
nueva o simplemente recordar cada detalle de este esplendido lugar que capaz no
volvería a visitar en su vida, cruzo la avenida, estaba la luz correcta para
los peatones, en eso un cuando estaba a punto de terminar de cruzar aquella
avenida un carro se freno muy cerca de ella, y le golpeo haciendo que se
cayera, se levanto enojada, el conductor de bajo preocupado y le miro las
piernas tratando de ver si estaba herida por su causa, luego le vio la cara
diciendo: - ¿estás bien? – Cristina entendía algo de Hangul, no era una experta
pero a medias se sabía defender y dijo de forma algo despacio: - Si lo estoy –
al ver ese rostro le pareció conocido y dijo también despacio: - será que usted
es ¿Kim Jung Hoon? – el hombre le sonrió y dijo: - Si, y ¿usted es? – ella a
penas por la emoción pudo decir: - Cristina – él arrugo la cara y dijo tratando
de repetir: - Kistina – ella riendo dijo separando y recalcando: - CRIS tina –
él dijo: - Cristina – ella aplaudo feliz, luego se avergonzó por esa reacción
algo infantil pero es que su nombre no es fácil de pronunciar y él al segundo
intento lo logro, este le dijo: - Yo debo irme, pero si quiere le llevo – ella
dijo señalando él lugar a donde iba: - Voy al palacio – y él le dijo: - Te
llevare a un sitio mejor en compensación por el susto – Cristina quería pensar
bien la decisión pero las cornetas de una cola de autos formados hizo que sin
más aceptara, además era un oppa y sin lugar a dudas uno de los que ella
consideraba atractivo…
Parte II
Él la llevo a un castillo a las afueras de Seul muy antiguo que
quedaba en una montaña, de difícil acceso, le conto sobre él lugar y su
historia, sobre el emperador Daseung, sobre el avance de su alfabeto conocido
como Hangul, era un hombre decente después de todo, se tomo varias fotos en el
lugar junto con él, le invito a comer algo en un restaurant cerca, al llegar
había pocos comensales, por tanto pudieron conversar tranquilos, ella le conto
sobre su país y él dijo que quería visitarlo, él le conto sobre su servicio
militar y el conflicto con corea del norte, él esperaba que aquello acabase y
los dos países hermanos vivieran en paz, así se acabaría el miedo y la zozobra
con que Vivian los ciudadanos de ambos países, él era un hombre interesante,
más allá de una atractivo rostro y un buen cuerpo, lo cual le agrado mucho a
ella, para él Cristina era una chica de linda energía y mirada interesante, además
le gustaba ver su sonrisa.
La llevo a su residencia luego de comer y charlas tan
entretenidamente diciendo: - Espero que disfrutes Seúl, cuando llegues a tu
país no olvides enviarme una postal – y le sonrió mientras se montaba en su
auto y se perdía de vista dejándola a ella con una pregunta: - y a ¿donde le envió
la postal? – suspiro entre dos sentimientos el de alegría por conocer a alguien
como él y tristeza por verlo perdido pero se dijo a si misma que él simple
hecho de haberle conocido era más que suficiente para contárselo a medio
planeta tierra y tenerlo en el recuerdo el resto de su vida, además le quedaban
las fotos como prueba de su linda experiencia.
Al siguiente día visito otros sitios y barrios famosos en Seúl, sus amigas locales no le creían que había conocido a Kim Jung Hoon, al ver las fotos gritaron emocionadas y le dijeron lo afortunada que había sido, aunque ella no lo consideraba una fortuna más bien una experiencia muy linda al conocer alguien que admiraba y darse cuenta que no estaba equivocada por ello. Fueron a una calle concurrida donde había un mercado popular y se perdió, camino en círculos, al pasar cerca de un bar escucho una voz conocida, se asomo curiosa y vio a Jung Hoon discutiendo con un hombre de mediana edad algo panzón diciendo: - mire Ahjussi le digo que me pague el trago o se disculpe, usted con su impertinencia lo lanzo al suelo – el hombre le dice con voz afectada por el alcohol: - Yo no tengo que pagarle nada a nadie, además si sigues molestando te golpeare - Jung Hoon le dice: - pues hágalo, golpéeme pues, yo solo le pedía que se disculpara. – el hombre se abalanza sobre él y este lo esquiva sin problema alguno, en eso lanza una botella que pega cerca de donde esta ella haciendo que grite, Jung Hoon le mira sorprendido y pregunta: ¿Cristina?, ¿qué haces aquí? - el ebrio al ver que Jung Hoon la conocía se va hacia ella para molestar, y Jung Hoon lo nockea con un puñetazo certero en la cara, la toma de la mano y ambos salen del lugar, él corriendo y ella sin saber porque le sigue, llegan a un calle continua donde está su auto estacionado, el borracho llego a perseguirlos con par de botellas en las manos y le lanza al auto mientras Jung Hoon arranca el vehículo haciendo que las ruedas chillen al acelerar, ya más calmado se estaciona unas 5 cuadras adelante y le mira diciendo: - Disculpa por haberte hecho pasar por esta situación tan peligrosa - ella aún sin salir del shock dice: - estoy bien creo – y se revisa con cierto nervio lo que hace que él se ría estrepitosamente y ella le mire entre sorprendida y enfadada diciendo:- Te estás burlando de mí, es que ese hombre lanzo una botella cerca y no sé si me dio – a lo que Jung Hoon le dice: - Me da gracia la cara que tienes, estas bien – y sonrió mirándola con cierto dejo de ternura, continuo diciendo:- Creo que no te quedara ganas de volver a corea con estas experiencias, bueno creo que soy algo peligroso después de todo – y sonrió mirando hacia la calle, ella pensó mirándolo de perfil, con una sonrisa tenue “Peligrosamente atractivo diría yo”…
Parte III
Advertencia: En la siguiente lectura hay Lemon
A partir de ese momento se encontraban para salir, le llevo una
vez al cine, donde muchas fans le reconocieron y tuvieron que huir del centro
comercial, fueron a varios sitios turísticos, parques, museos, calles de
mercado popular, le dio a probar comida local muy picante, algo que no le gusto
mucho a Cristina, pero más eran los momentos lindos que cualquier otro, él se
convirtió en su guía turístico, estaba encantado con ella, era tan linda y
honesta, no había mentiras en sus acciones, hacía tiempo que no conocía a alguien
en quien confiar, un día se quedaron
varados en una carretera rural y tuvieron que regresar al pueblo que habían
visitado previamente, alquilo el único cuarto disponible y durmió en el poso
para que ella durmiera cómodamente en la cama, lo que mostraba sin lugar a
dudas lo decente que era al respetarla y tratarla tan bien, al amanecer una
grúa pudo sacar el auto del lodo donde había quedado, pero decidieron recorrer
el borde del hermoso bosque que les rodeaba, allí el ayudándola a bajar un
camino, la acerco hacia él y le beso con ternura los labios, desde ese día su
relación fue más estrecha pero igual de respetuosa.
Una semana después fueron
a la isla de Jeju un hermoso lugar paradisiaco con
hermosos riscos, playas atractivas, sembradíos de flores y hortalizas que dan
matices hermosos al lugar.
A las debían regresar a Seúl, pero una tormenta hizo que se quedaran, para su mala suerte no habían habitación disponibles en las posadas y optó por llamar a sus conocidos luego de unos 30 minutos pudo contactar con uno el cuál le ofreció una casa de campo, allí fueron refugiándose con unos cobertores de plástico que le prestaron, Jung Hoon compro unos vivieres para la mañana siguiente ya que habían cenado antes de partir a la casa de campo, el camino fue inclinado y él le ayudaba para que no retrocediera por el viento, al fin llegaron, una linda casita con un patio de flores amarillas hermosas, la llave estaba escondida en un matero de la entrada, a penas estuvieron en la casa se quitaron los zapatos y medias empapadas, la casa era pequeña de un solo cuarto y un recibidor allí había una chimenea, él se encargo en destaparla y encender el fuego, mientras ella revisaba la habitación y sacaba las sabanas limpias de un closet, él calor se apodero del lugar con suavidad, alejando el frio que sentían antes de llegar, Cristina siempre llevaba una ropa extra, luego de esa aventura en el campo la vez pasada, estaba preparada para alguna eventualidad, así que tenía su ropa seca, él también llevaba ropa extra, un pantalón deportivo y una camiseta, pusieron la ropa a secar cerca de la chimenea pero a una distancia prudencial para que no se quemaran, Cristina le dijo a Jung Hoon a modo de broma pero con un dejo de verdad: - Mejor pongamos esto lejos, contigo cerca capaz se incendia nuestra ropa y terminamos bajo la lluvia - Jung Hoon se echo a reír diciendo: - Qué poca fe me tienes – y sonrió amablemente mientras tomaba una sabana y arreglaba el sofá para dormir él ahí, se acerco a Cristina y le dio un beso en los labios de buenas noches, ella sonrió feliz y fue al cuarto, su corazón latía rápido, pensaba en lo cerca que estaba él nuevamente de ella, pero esta vez era diferente la situación, ahora ambos se sentían atraídos uno al otro, no quiso pensar en ello, en eso escucho un ruido en el cuarto, definitivamente había una animalejo, pego un grito al ver la figura de lo que parecía ser un roedor gigante cerca de la cama, el cual se metió debajo de la misma, Jung Hoon entro asustado con una leña en la mano, ella le dijo: - UN ANIMAL, DEBAJO DE LA CAMA, AYUDA – él se asomo por debajo de la cama y diviso lo que parecía ser un mapache le hizo salir y este correteo por el cuarto mientras Jung Hoon le perseguía, luego abrió la puerta y el animal salió por ahí, Jung Hoon salió y ella escucho que abrían la puerta principal y la cerraban, luego entro al cuarto diciendo: - Ya nuestro invitado se fue, el pobre estaba más asustado que nosotros – ella le sonrió y le se levanto a abrazarlo, “tan bello” murmuro.
Jung Hoon le abrazo con ternura y luego le beso, esta vez sus lenguas se encontraron, y danzaban a un ritmo suave pero aumentando la velocidad, Cristina sentía su corazón latir de forma rápida y emocionada, cerró los ojos y pensó “me dejare llevar”, él la levanto con sus brazos y la llevo hasta la cama, allí la recostó y volvió a besarla, con la misma ternura cada caricia de sus labios era una delicia para ambos, se querían y aquello era lo que ansiaban sus bocas, estar cerca de la otra persona sintiendo su aliento y calidez, el cuerpo de el posaba sobre ella, y sus manos acariciaban con suavidad el rostro de Cristina mientras ella acariciaba aquella espalda ancha y masculina en un impulso que no era propia de ella más de la necesitad de estar juntos, le quito la camiseta, vio su torso desnudo y varonil, allí él le sonrió con esa ternura característica que hacía que el corazón de Cristina se derritiera, el volvió a besarla, luego besos sus mejillas, su cuello, su lengua salía para saborear la piel de Cristina, sus manos fueron hasta el abdomen de ella y subían con suavidad la tela de la camisa, con una mano alzo el torso de ella y le quito la camisa dejando su torso desnudo con unos pechos hermosos y suaves, ya que Cristina dormía sin Brasier, él poso sus labios sobre ellos, de forma alternada con suavidad y pasión los saboreo y succiono ocasionando que Cristina sintiera su cuerpo estremecer, era un placer que jamás había sentido, los labios de el besaron la división de ambos senos y luego bajo por su vientre hasta el ombligo, ella suspiraba, mientras el se deshacía de su pantalón dejándola en panty, luego él se quito su pantalón deportivo, pero le miro diciendo: - Ok ya llegamos a este punto, pero aún puedo controlarme, ¿tu decide? – ella le miro dudando pero dijo: - Debemos terminar lo que comenzamos – aquello hizo que se sonrojara y el rio besándola con ternura, su virilidad estaba totalmente despierta y ella sentía su presencia en sobre su vientre, solo la tela separaba de todo su hombría, él se quito su bóxer y ella su pantys quedando ambos desnudos, ambas pieles se tocaban sin nada de por medio, el calor que sus cuerpos emanaban llenaban el lugar de aromas dulces para el placer, las caderas de él abrieron paso haciendo que ella abriera sus piernas y le dejara en la posición para entran a su ser, le beso con más ternura, sus manos acariciaba el borde de su torno, como si acariciara una flor, con ternura, suavidad y mucho amor, él comenzó un movimiento tenue en su caderas, posicionando su virilidad en la entrada de sur Ser, Cristina respiro hondo ante aquello, lo inevitable pasaría seria su mujer, y aunque deseaba serlo sentía miedo, pero era algo natural, algo que un hombre y mujer hacen cuando se aman y desean, él rompió aquello que la mantenía virginal, haciendo que sus uñas se clavaran en la espalda de él por el dolor que sintió, unas lagrimas bajaron por sus mejillas y él las besos, y le susurro: - Te quiero, Cristina, toda mía y todo tuyo – entre más experimentando como las paredes de su ser se adaptaban a aquel intruso, él sentía como las paredes de su vientre le apretaban acostumbrándose a su presencia, era un cálido lugar, suave y terso como la seda pero más hermoso, más sublime, se empezó a mover con suavidad, ella sentía dolor, pero era feliz, él le beso los labios mientras su ritmo aumentaba y él dolor que Cristina sentía se desvanecía, una vez más el vaivén incrementaba, él la levanto con su brazos e hizo que se sentaran en la cama aún dentro de ella, y con sus manos le había balancear de arriba hacia abajo, el placer era ahora dueño de ese momento, en ambos, sensaciones hermosas y únicas que se hacen sentir en el placer carnal sobre todo para dos personas que se quieren y desean mutuamente, él estaba totalmente dentro de ella, y sus movimiento eran más rápidos, el orgasmo llegaría en pocos tiempo y así fue explotando ambos él la recostó en la cama suavemente, mientras admiraba su desnudez, y luego se poso sobre ella feliz y ambos quedaron dormidos exhaustos pero con el amor alrededor de ellos.
Al despertar Cristina estaba sola en la cama, se vistió y fue a la
sala donde un aroma delicioso impregnaba el lugar, el estaba cocinando, le miro
diciéndole: - Buenos días, Ya va a estar el desayuno mi princesa – y Cristina sonrió
encantada, fue al baño a arreglarse y ambos desayunaron afuera aprovechando que
había escampado y el sol iluminaba hermosamente el lugar, las flores amarillas
se movían por el viento mientras ellos comían y se miraban con amor, ese amor
que mantendrían siempre, y que jamás se acabaría…
FIN
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